Dos líneas estratégicas para el futuro de nuestra farmacia

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¿Qué grandes estrategias deberíamos seguir para, por un lado, consolidar la farmacia como centro asistencial y de salud y, al mismo tiempo, potenciar su economía y aumentar su facturación? (Sin lo cual, como se comprende fácilmente, nuestro negocio no va a poder salir adelante o lo hará con dificultades).

Pensamos que las líneas de actuación para lograr este doble objetivo son las siguientes:

1) Potenciar la cartera de servicios ofrecidos por la oficina de farmacia, y 2) Incrementar progresivamente el porcentaje de venta libre (en especial el autocuidado) sobre el total de la facturación.

CARTERA DE SERVICIOS 

1) Cartera de servicios. Es una vieja discusión, una antigua insistencia: la oficina de farmacia no debe limitarse a la mera dispensación de medicamentos y la venta de productos parafarmacéuticos. De acuerdo, ¿pero qué hemos de hacer para que esto sea una auténtica realidad y no solo teoría? Una de las claves del futuro de la farmacia como centro de prevención, promoción de salud y educación sanitaria es, qué duda cabe, la cartera de servicios. En algunas comunidades autónomas, como es el caso del País Vasco, se han puesto ya sobre la mesa (en concreto desde el año 1999) interesantes proyectos en este sentido: programas de seguimiento farmacoterapéutico, de medicación domiciliaria o de adherencia.

El Reino Unido podría ser un buen punto de referencia para la cartera de servicios en nuestro país: un ejemplo sería el utilísimo y ya muy consolidado programa MUR (Medicine Use Review) de revisión de la medicación de los pacientes por parte de los farmacéuticos (Se trata de una actividad gratuita para los pacientes, pero remunerada por la Administración sanitaria británica). Para realizar este servicio, por cierto, el farmacéutico necesita una acreditación específica.

Consideramos muy importante que los servicios ofrecidos por la farmacia tengan un imagen profesional muy marcada y de prestigio, como sucede con los actos médicos. Y la remuneración es esencial para que así sea percibida, ya que lo que no se paga, no se valora. Una cuestión importante sería si dicha remuneración ha de hacerla la Administración o bien el usuario/paciente. La mentalidad española hace que no resulte fácil introducir servicios farmacéuticos que haya de pagar el usuario. Pero pensamos que hay mercado suficiente para ello (usuarios con voluntad y poder adquisitivo para contratar dichos servicios), y puede ser además perfectamente compatible con otros servicios financiados por la Administración y por tanto gratuitos para el usuario.

En cualquier caso, dichos servicios han de estar bien definidos por un protocolo de actuación y un sistema riguroso de acreditaciones. El farmacéutico que realice un servicio de este tipo debería pasar un curso formativo reglado y una prueba de acreditación. (Tal y como sucede con el MUR británico). Hablamos de un acto profesional específico para el que se necesita una habilidad específica, más allá de la formación general del farmacéutico como experto científico-sanitario en medicamentos.

VENTA LIBRE

2) Aumentar el porcentaje de venta libre: como ya hemos escrito otras veces es este blog, es importante de cara al futuro de la oficina de farmacia potenciar el porcentaje de venta libre sobre el total de la facturación. Pensamos sobre todo en el autocuidado, en el que incluiríamos productos como las especialidades publicitarias o sin receta, los complementos alimentarios, la dermofarmacia/cosmética, la fitoterapia o la homeopatía (esta última es controvertida, pero se trata de un producto con innegable demanda, y la decisión sobre su venta corresponde a cada farmacéutico).

La venta libre constituye una esfera de productos en la que el farmacéutico disfruta de un total control profesional. Su conocimiento sanitario y biomédico le permite moverse en ella con total independencia para sacarle el mejor partido, tanto para su farmacia como para sus pacientes. El autocuidado reduce la dependencia de la farmacia hacia la Administración y el prescriptor, y permite al farmacéutico movilizar sus recursos y conocimientos de una manera más eficaz, así como una mejor definición de los objetivos y logros.

Y en el marco de la venta libre y el autocuidado, tiene un papel clave (y de importancia cada vez mayor) el comercio online. Aquí nos referimos tanto a la venta online de parafarmacia (que incluye productos como los complementos alimenticios, la homeopatía o la dermofarmacia), como a la nueva venta online de medicamentos sin receta, recientemente regulada por el Real Decreto de noviembre de 2013.

Creemos que la oficina de farmacia tiene una gran futuro como centro fundamental para el cuidado de la salud, pero también como negocio altamente rendible. Los cambios sociales y culturales, así como la nueva economía, van a facilitarlo, abriéndole a la farmacia importantes horizontes. Pensamos sobre todo en el nuevo empoderamiento del paciente/cliente, su mayor capacidad para gestionar su propia salud, la emergencia de un nuevo tipo de usuario (selectivo y exigente) de productos y servicios médicos, con sentido critico y capacidad de decisión. Preocupado por el cuidado de su salud y muy familiarizado con las nuevas tecnologías.

En este sentido, la fácil accesibilidad del farmacéutico, junto con su impecable formación científico-sanitaria, hacen de la oficina de farmacia un agente con enorme potencial de cara al futuro.